sábado, 28 de noviembre de 2009

El comienzo de la vida.



Del 7 al 12 de setiembre se realizó en Uruguay la Segunda Escuela de Postgrado Iberoamericana de Astrobiología. Fue organizada por la Oficina Regional de Ciencia para América Latina y el Caribe de la UNESCO y por la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.
A dicha Escuela de Astrobiología vinieron varios científicos invitados a dar conferencias.
Tuve la suerte de ser invitado por los organizadores a presenciar varias de estas charlas y de poder conocer a algunos de estos científicos como a los españoles Ricardo Amils, Álvaro Giménez, a la estadounidense Felisa L. Wolfe-Simon, a la argentina Alicia Massarini y al mexicano Antonio Lazcano.


Apenas pude entrevistar a tres de ellos: a Lazcano, a Amils y a Giménez. Fueron entrevistas muy interesantes con personas de gran calidad humana.
Recién pude elaborar la entrevista con Lazcano.
Antonio es una persona muy especial, que el artículo no consigue enseñar demasiado.
Excelente divulgador y profesor, siempre tiene un ejemplo listo para explicar algún concepto complicado.
Esta es la nota que logré construir de aquella charla que tuvimos.
Añado el recuadro que por una cuestión de espacio no salió publicado.
Gracias por leer. Abrazos.





El País Cultural


Viernes 27 de noviembre de 2009




Con el biólogo mexicano Antonio Lazcano


El origen de la vida



Daniel Veloso



EL CIELO NEGRO de la atmósfera primitiva, pobre en oxígeno, envolvía a la joven Tierra, mientras en la superficie de los mares, lagos y hasta de simples charcos, las moléculas de materia orgánica se recombinaban una y otra vez, flotando en una especie de sopa orgánica. Aún no había vida en el tercer planeta desde el Sol, pero sus componentes ya se estaban formando.
Esta teoría del surgimiento de la vida resulta familiar, pero no lo era en 1924 cuando el bioquímico ruso Alexandr Oparin la describió en El origen de la vida en la Tierra. En este libro el científico criticaba a varios de sus colegas por acudir a explicaciones sobrenaturales para resolver el problema. Argumentaba, en cambio, que los seres vivos no pudieron surgir de repente y con tanta complejidad en sus estructuras, como afirmaban los defensores de la generación espontánea.
Apoyándose en la Teoría de la Evolución de Charles Darwin, Oparin afirmaba que las moléculas orgánicas compitieron entre sí, haciéndose más complejas, hasta dar con una estructura que les permitió duplicarse y así transmitir sus características a las réplicas.






El biólogo mexicano Antonio Lazcano Araujo, discípulo de Oparin, es en la actualidad una de las figuras principales en el campo del estudio del origen de la vida. Catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es también asesor de la NASA y fue presidente de la Sociedad para el estudio de los orígenes de la vida. Escribió varios libros de divulgación, entre los que se destaca El origen de la vida, que ha vendido 700.000 ejemplares.
Estuvo de visita en Uruguay en setiembre de 2009, participando de la Segunda Escuela Iberoamericana de Astrobiología, organizada por la UNESCO y la Facultad de Ciencias. También brindó una conferencia pública en la Intendencia Municipal de Montevideo.





Lazcano se considera un gran privilegiado porque cuando ingresó en el campo de estudio del origen de la vida, "los clásicos, los creadores del campo de estudio, no sólo estaban vivos sino activos intelectualmente". Siendo muy joven desarrolló amistad con figuras notables como el bioquímico español Joan Oró y con los biólogos estadounidenses Leslie Orgel, Stanley Miller y Lynn Margulis, primera esposa de Carl Sagan, de quien también fue amigo cercano.
Entre sus intereses está el de colaborar con la astrobiología, disciplina científica que investiga el origen y la presencia de la vida en el Universo. Lazcano reconoce que aún no se han obtenido pruebas de vida extraterrestre, pero cree que hoy la búsqueda es más aceptada que en sus inicios, en los años sesenta. "La gente siente que es un problema legítimo a investigar".




  

AL PRINCIPIO DE TODO. Tras décadas de investigación, Lazcano dice no sentirse cansado, porque el problema del origen de la vida "nunca va a tener solución porque por un lado no sabemos cómo surgió y por otro hemos perdido en el curso de la evolución del planeta los sedimentos que nos podían dar información directa, entonces siempre va a ser un problema abierto". Agrega que en eso radica la fascinación del tema.
A pesar de la pérdida de esa información inicial, Lazcano desarrolló una explicación apoyada en décadas de investigación. En aquella Tierra primitiva, geológicamente muy activa y turbulenta, fue muy fácil la síntesis de acumulación de compuestos orgánicos, piensa Lazcano. Estas reacciones químicas se dieron en una especie de sopa prebiótica que pudo haberse formado "en un charco o sobre una capa de arcilla".
El hecho de que la vida apareció muy pronto en la Tierra, hace 4.000 millones de años, está probado por fósiles de estos primeros organismos hallados en Canadá y Australia. "En el registro fósil encuentro huellas de que tan pronto como hubo agua líquida en la superficie de la Tierra, no tardó la vida en aparecer". Explica que cuando en el laboratorio se examinan las reacciones químicas que permiten acumular compuestos orgánicos, "lo que uno ve es que no hay ninguna reacción que sea lenta. En horas o en semanas a más tardar acumulamos compuestos. El ARN (ácido ribonucleico), que es un ácido nucleico más antiguo que tienen muchos virus, puede evolucionar y llevarnos a poblaciones con propiedades moleculares nuevas, en cuestión de semanas".





Justamente esta molécula es la protagonista de la llamada hipótesis del mundo de ARN, que postula que este ácido nucleico formó parte de las primeras formas de vida en la Tierra.
El biólogo mexicano dice que no hay ninguna razón para suponer que estos procesos químicos fueran muy lentos. "Hubo una época en la que pensábamos que la evolución transcurría muy lentamente y ahora sabemos que no". Pone un ejemplo: "uno introduce un antibiótico en el mercado y bastan a veces semanas para que aparezcan formas resistentes. Cada año nos tenemos que vacunar contra la influenza estacional, porque el virus está mutando o está intercambiando segmentos de su genoma. Eso es parte del proceso de evolución".






Foto tomada por el robot Spirit desde la cima de la colina Husband, en Marte.



VIDA EN EL VECINDARIO. Lazcano no es muy optimista en cuanto a la posibilidad de que haya vida en otros cuerpos del sistema solar. "Esto nos plantea el reto de tratar de afinar nuestro modelo de qué es lo que se requiere para que surja la vida".
A contrapelo de las expectativas de sus colegas más optimistas, piensa que en Marte tampoco hubo vida, a pesar de las pruebas encontradas de que ese planeta tuvo un clima más benigno en el pasado que permitió agua líquida en su superficie. "Me encantaría estar equivocado", afirma. Explica que las personas suelen creer que la presencia de agua implica también la de vida, pero asegura que es al revés. "Si tengo vida es probable que tenga agua. Pero si hay agua no necesariamente significa que haya vida". Lazcano dice que un indicio de esta ausencia es que la atmósfera de Marte está en equilibrio químico. Por ejemplo, la presencia de vida en la Tierra se demuestra por los gases que producen los seres vivos y que afectan la química atmosférica. En cambio "el equilibrio químico de la atmósfera marciana lo podemos explicar en términos estrictamente físico-químicos".
Al mismo tiempo advierte que como es muy atractiva la idea de que haya vida en Marte, "debemos ser nuestros críticos más severos y suponer que no la hay mientras no se pueda sugerir lo contrario".







Recuadro inédito:

Carl Sagan

“Sagan era un hombre muy inteligente y muy agudo. Hay quienes piensan que era excesivamente vanidoso, pero esa nunca fue mi experiencia personal”. Antonio Lazcano le conoció cuando coincidieron en un proyecto de la NASA. La  relación entre el joven biólogo con el astrónomo y su familia fue muy estrecha. Actualmente Antonio Lazcano es amigo de Dorion Sagan, primer hijo del astrónomo, que tuvo con Lynn Margulis y es “padrino laico” del nieto de Sagan, Tonio. “Estábamos todos en el mismo campo, entonces había muchas razones por las que nos llevábamos muy bien”.
Lazcano relata que en una ocasión Sagan le preguntó si había leído su novela Contacto, “que escribió con Ann Druyan”, su tercer esposa, pero él le dijo que no le gustaba la ciencia ficción. Seguidamente el biólogo le invitó a dar una charla a México, entonces Sagan le puso dos condiciones: “Uno, que me lleves a la iglesia de Tonantzintla, (una iglesia barroca e indígena del siglo XVII que está en México) y dos, que veas la película que están haciendo sobre mi libro”. Lazcano recuerda con pesar que estando en París, en 1996, finalmente la pudo ver, “pero con un poco de amargura porque Carl ya había muerto”.
 






Lazcano recuerda con admiración a aquel astrónomo que se sintió atraído por la biología. “Es muy bueno que un hombre tenga intereses intelectuales tan amplios. Él iba todos los veranos a trabajar con Herman Muller, que luego recibió el Premio Nóbel, por demostrar el efecto mutagénico de los rayos X”. Sagan aprendió mucho sobre genética y “como era de una inteligencia muy notable y una curiosidad científica enorme, siempre se movió en círculos muy atractivos que lo llevaron a interaccionar con Leslie Orgel, con Francis Crick y allí conoció a su mujer Lynn Margulis”.
Otro aspecto que resalta del astrónomo es su falta de prejuicios, por ejemplo al entablar contacto con científicos soviéticos a pesar de la Guerra Fría. “Eso no fue trivial; creo que ese aspecto, el de apertura, es uno de los más atractivos y de los más generosos de la sociedad estadounidense”, destaca.
Lazcano cuenta que cuando murió Isaac Asimov, en 1992, la revista Nature le pidió a Sagan que escribiera un obituario. “Entonces Carl dice algo que me gustó mucho: que la preocupación de Asimov por popularizar la ciencia fue una forma de democratizar el conocimiento”. Lazcano concuerda en que la ciencia tiene que tener un lenguaje muy preciso y ser muy clara en sus conceptos, “pero la ciencia es de todos y me da horror pensar que por las condiciones socio-económicas haya niños y niñas que puedan ser una nueva Madame Curie o un nuevo Darwin y los perdamos en los barrios pobres”. Opina que la ciencia tiene que estar al alcance de todo el mundo. “Hay una belleza intrínseca en la investigación, en el proceso de adquirir el conocimiento, que luego se tiene que transmitir como parte de la cultura. No veo por qué la ciencia tenga que ser para iniciados”.


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