El taller de Jar II (Segunda época)

martes, 18 de marzo de 2014

Vida extrema.




En setiembre de 2009 se realizó en Uruguay la Segunda Escuela Iberoamericana de Astrobiología, organizada por la Oficina Regional de Ciencia para América Latina y el Caribe de la UNESCO y por la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República.

Durante los días que duró la escuela, pude entrevistar a los científicos españoles, el bioquímico Ricardo Amils y el astrofísico Álvaro Giménez. También entrevisté al bioquímico mexicano Antonio Lazcano (link a la entrevista con Lazcano).

La entrevista con Ricardo Amils fue en la cafetería del hotel donde se realizó la escuela de astrobiología. Ya era tarde y  Ricardo estaba cansado pero igual aceptó charlar conmigo. Fue una entrevista muy amena llena de anécdotas sobre sus años de estudios en Buenos Aires, de sus viajes por América Latina (y sus visitas a Uruguay), sobre cómo empezó a estudiar a los extremófilos y sobre cómo conoció al río con el que tiene un gran compromiso. Muchos hombres y mujeres tenemos un río en especial, al que regresamos cada vez que podemos. En este caso, Ricardo Amils tiene a su río Tinto.



Ricardo Amils midiendo el PH de las aguas del río.



Viernes 14.01.2011, Montevideo, Uruguay




El País Cultural



Con el bioquímico español Ricardo Amils





Un río marciano




Daniel Veloso



IMAGINE UN BARCO de navegantes fenicios, en el siglo VIII a.C., que tras cruzar las columnas de Hércules, el actual Estrecho de Gibraltar, y al seguir la costa, diera con la desembocadura de un río de aguas rojas como la sangre. "Los primeros que llegaron allí, remontaron su curso, porque aquel río tenía que venir del infierno", relata el profesor Ricardo Amils de la Universidad Autónoma de Madrid, una de las autoridades mundiales en el río Tinto. Este río de la provincia de Huelva, en el sur de España, que nace en las minas de cobre y oro, explotadas desde la antigüedad por iberos, fenicios y romanos, guardó durante mucho tiempo un gran secreto. Llamado Azije (ácido sulfúrico), por los árabes, posee aguas muy ácidas, con un pH 2.3, (el agua tiene PH 7, neutro). Por esta razón al Tinto se lo creyó sin vida y hasta en la era moderna se lo describía como un río contaminado. Al contrario, Ricardo Amils y sus colaboradores han descubierto no sólo que hay vida en el río Tinto, si no que son las propias formas de vida, bacterias que se alimentan del hierro que hay en el subsuelo, las que le dan las características al propio curso de agua. Estas bacterias, muy resistentes a ese medio tan hostil, forman parte de un grupo de seres conocidos como extremófilos. Se los encuentra en salinas, en aguas termales y hasta en centrales nucleares. La curiosa habilidad de estos organismos para soportar condiciones extremas ha llevado a la NASA a estudiar el río Tinto en colaboración con investigadores españoles, por las similitudes que tiene geológicamente el subsuelo del río con Marte.


Mapa de Andalucía, donde se señala el río Tinto atravezando la provincia de Huelva.






AL EXILIO. Ricardo Amils, nació en 1947 en Barcelona y es químico por tradición familiar como fue su abuelo y su padre. En 1969, Amils era delegado estudiantil en la Universidad. Ese año el régimen franquista reprimió duramente al movimiento estudiantil. La situación del joven estudiante se volvió peligrosa, y "se me aconsejó que sería bueno que desapareciera por un tiempo". Entonces decidió hacer un curso de posgrado en la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Allí estudió una bacteria termófila que crece a 65ºc, siendo su primer contacto con extremófilos. Entonces se creía que estos seres debían tener propiedades distintas, pero no. "Hoy en día considerar 65º una temperatura extrema es ridículo, ya que hay microorganismos que crecen a 120º".

En 1973 Amils viaja a Estados Unidos a continuar con sus estudios y en 1977, coincidiendo con el regreso de la democracia, vuelve a España, a la Universidad Autónoma de Madrid. "Allí empecé a trabajar con termófilos, pero ya en serio, con los que crecen a 90 o 95 grados". Estudió al Sulfologus acidocarbularius, un microorganismo que crece en Italia, en las sulfataras del volcán Vesubio.




Un puente romano cruza el río Tinto cerca de la localidad de Niebla.

 

LAS AGUAS BAJAN ROJAS. A fines de los ochenta, su equipo de microbiólogos participó en un proyecto europeo de biominería en las minas de Río Tinto. "El proyecto no funcionó pero aprendimos sobre los microorganismos del río".

Debido a su alta acidez y a su color rojo, por el hierro en solución, el río siempre se consideró contaminado. Pero lo que descubrieron es que el río ya tenía esas condiciones, mucho antes de que fueran explotadas las minas, hace 5.000 años. "Desde siempre se ha creído que el río era producto de la actividad minera y hemos podido demostrar que eso no era verdad".

Al poco tiempo Amils es invitado a integrar el Centro de Astrobiología, una institución española asociada a la NASA y al Astrobiology Institute. "Cuando los investigadores de la NASA empezaron a oír en los congresos sobre el río Tinto y las propiedades que tenía, se interesaron en el tema y de ahí surgió el Proyecto Marte".





El proyecto duró de 2003 a 2006 y consistió en hacer perforaciones en la Faja Pirítica Ibérica, formación geológica de 200 kilómetros de largo, rica en pirita, un sulfuro compuesto mitad de azufre y mitad de hierro. "Los microbiólogos queríamos aprender qué había en el subsuelo y los ingenieros de la NASA querían probar toda la parafernalia que han diseñado para perforar en Marte". En río Tinto los ingenieros consiguieron bajar siete metros de profundidad. "Eso es un gran logro, no son los metros que a todos nos gustarían pero mejor eso que una piedra". Al perforar han encontrado colonias de microorganismos, como el Leptospirillum ferrooxidans, que se alimentan y obtienen energía solubilizando la pirita. Luego el agua aflora a la superficie transportando el hierro.




Organismos quimiolitoautótrofos aislados del agua del río Tinto o de zonas adyacentes. (A) Crecimiento
sobre medio sólido de bacterias oxidadoras del Fe; (B) Fotografía al microscopio electrónico de transmisión (MET) de Acidithiobacillus thiooxidans; (C) Fotografía al MET de una bacteria oxidadora de Fe, posiblemente  Leptospirillum sp.; (D) Fotografía al MET de un aislado quimiolitoautótrofo y termófilo,
posiblemente una arquea Sulfolobal; (E)  Leptospirillum ferrooxidans al microscopio  óptico con contraste de
fases; (F) Bacterias quimiolitoautotrofas alrededor de un grano de azufre elemental. (Ver fuente).



 

LA VIDA BAJO TIERRA. Para Amils lo que se pretendía con la perforación era mostrar cómo la actividad microbiológica patrocinaba las condiciones para que el agua se cargara con ácido sulfúrico y con hierro. "Cuando salen con la corriente de agua, esos mismos microorganismos ya no viven en el interior de la piedra sino que continúan su vida a lo largo del cauce del río que tiene 90 kilómetros de largo".

Al evaporarse el agua los minerales se acumulan dándole al río un aire de paisaje alienígena. "Ahí empiezan a aparecer a orillas del Tinto los sulfatos de hierro, la jarosita, la goethita y los óxidos de hierro como la hematites". Algunos de estos minerales han sido encontrados en Marte por los dos robots todo-terreno de la misión MER. En 2004, el rover Opportunity detectó jarosita, interpretándose como una prueba de la existencia, en el pasado, de agua líquida en Marte.


Esta afloración rocosa, analizada por el rover Opportunity, contiene “jarosita”, un mineral que contiene azufre. La imagen de detalle muestra un ‘blueberry' (arándano) de hematita, que se cree que se ha formado por la acción del agua. La jarosita ha sido utilizada históricamente como pigmento, aunque su descubrimiento por la ciencia fue reciente, en 1852, tomando el nombre del lugar de su descubrimiento: el Barranco Jaroso (Almeria). (ver fuente de la imagen)




Amils afirma que de los dos rovers, el Spirit y el Opportunity (que fueron diseñados para durar tres meses y ya cumplieron siete años en el planeta), se han obtenido muchas enseñanzas. Estas serán usadas para diseñar la próxima misión, el MSL (Mars Science Laboratory), que llevará un perforador.
Explica que su compromiso con la búsqueda de vida en Marte no es una obsesión, al contrario, es una cuestión práctica: "Sé que puedo alcanzar la exploración de Marte, pero la de Europa, una de las lunas de Júpiter, la harán los jovencitos", dice riendo.



 El Opportunity.


 También Marte lo estimula porque es similar a río Tinto. "Creo que lo que hemos encontrado en río Tinto puede ser que exista en Marte, porque hay demasiadas casualidades para que sea imposible que no haya vida allí". Una prueba es que los minerales que hay en Marte están en río Tinto. "En el pasado ha habido mucha actividad volcánica en Marte y si hubo un océano, también hubo actividad hidrotermal submarina". Esta produce sulfuros metálicos, que podrían haber ofrecido condiciones para que surgiera vida que obtuviera su energía de estos minerales igual que lo hacen las bacterias del Tinto. "Puede que fueran producidos geológicamente, pero al haber agua, que de eso no hay ninguna duda, permite pensar en otro tipo de posibilidades y la vida lo único que necesita es una posibilidad".


"Arándanos" de hematites.


Ricardo Amils explica que hace unas décadas se pensaba "que la vida era muy sutil, y que sólo se podía dar en determinadas condiciones, pero ahora se sabe que no es así". Dice Amils que la vida, si encuentra los materiales para poder obtener energía, como en río Tinto, también los podría hacer en otros sistemas planetarios. Asegura que la posibilidad de que haya vida en Marte existe, pero habrá que demostrarla "y no será fácil porque esta vida estará en el subsuelo y habrá que perforar y no es lo mismo que perforar en el planeta Tierra".







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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mundos sutiles



El País Cultural

Viernes 04.03.2011, Montevideo, Uruguay.

 

Con el astrofísico español Álvaro Giménez




Señales de vida


Daniel Veloso



 

El acento andaluz es lo primero que se nota cuando se habla con Álvaro Giménez, que aún lo conserva después de haber vivido en Madrid desde los catorce años. "Conseguí mantener el acento y me alegro de ello", dice sonriendo. Este astrofísico nació en 1956 en Córdoba, ciudad del sur de España; es Coordinador de Política Científica de la Agencia Europea del Espacio (ESA), y Director del Centro de Astrobiología, en Madrid, entidad independiente, asociada al NASA Astrobiology Institute. Giménez estuvo en Montevideo para asistir a la Segunda Escuela Iberoamericana de Astrobiología, en la que expuso sobre uno de los temas de su especialidad: los planetas que orbitan otras estrellas o extrasolares.




Comparación de las estructuras internas de los cuatro planetas gigantes del Sistema Solar.
 

GIGANTES GASEOSOS. El primer exoplaneta, 51 Pegasi b, fue descubierto en 1995 por un equipo de astrónomos suizos. Tan sólo dieciséis años después ya se conocen 544 exoplanetas. La mayoría son gigantes gaseosos, mucho más grandes que Júpiter. Pero también se han encontrado algunos planetas rocosos, aunque con masas superiores a la Tierra, conocidos como Supertierras. El problema, explica Giménez, es que "los métodos que se emplean tienen tendencia a detectar planetas masivos y que están cerca de sus estrellas".
Los métodos usados por los astrofísicos para la detección de exoplanetas son la astrometría, la espectroscopía Doppler, la fotometría de tránsito y los lentes gravitatorios. Giménez reconoce que por ahora sólo es posible detectarlos con estos métodos indirectos. "Ver, lo que es ver, no tenemos perspectivas en el futuro". Igual se ha podido fotografiar a once exoplanetas hasta la fecha, pero siempre como puntos luminosos. Esto ha sido posible porque todos ellos son gigantes gaseosos, y muy alejados del brillo de sus estrellas.



 



Para poder ver a un planeta extrasolar, explica, con una resolución de 10 x 10 píxeles, "necesitaríamos tanta capacidad colectora que tendríamos que poner en órbita veinticinco telescopios con espejos de diez metros de diámetro". Los astrónomos estiman que hay mil millones de planetas en la galaxia, pero la mayoría queda muy lejos y "nuestro entorno es muy chico", lo que reduce el número de candidatos a estudiar. La etapa actual de investigación consiste en analizar todas las estrellas vecinas, contarlas y ver si tienen planetas. "Hay de todo tipo, de los que están muy cerca y de los que están muy lejos, pero lo que hay que buscar es a los nuestros, los que están a la distancia perfecta para que sean habitables, que son los que todavía no tenemos, porque son los difíciles de encontrar".


 


 

UN ANILLO ALREDEDOR DEL SOL. Un requisito para que un planeta tenga condiciones similares a las que hay en la Tierra, como agua líquida en su superficie, es que su órbita alrededor de la estrella esté dentro de la zona de habitabilidad. "Si es una estrella como el sol, la distancia coincide más o menos con la que tenemos nosotros".
Para encontrar vida en estos planetas los astrobiólogos buscan tres características: agua líquida, una fuente de energía y que estén los componentes orgánicos adecuados, basados en carbono. "A lo mejor es una visión muy homocéntrica de la vida", reconoce Giménez, pero aclara que están buscando vida muy primitiva. Se basan en la idea de que en la formación de moléculas complejas "y en la formación de células está presente un disolvente como el agua". En ese sentido explica que "el agua es un medio idóneo" y que no han encontrado "ningún otro que sea tan abundante en el universo y con un rango tan amplio de temperatura". Agrega que se podría buscar en otros medios "pero las probabilidades son mucho más bajas y por eso buscamos en los sitios fáciles".



Sin embargo explica que puede haber vida sin necesidad de que haya agua líquida en la superficie de esos planetas. El agua y por lo tanto la vida que buscan "puede estar sobre la superficie pero también por debajo". En la Tierra, la energía que usa la gran mayoría de los seres vivos proviene del sol pero el resto utiliza otras fuentes. "Como las bacterias extremófilas del río Tinto, que obtienen su energía de los minerales del subsuelo", comenta. Esto prueba "que hay suficientes mecanismos para que la vida primitiva en un planeta pueda vivir al margen de la luz de su estrella".




 
Otro requisito es que esos planetas tienen que tener elementos complejos y moléculas orgánicas a partir de las cuales se forme la vida. En 2008 se detectó metano, una molécula orgánica, en el espectro de la atmósfera del planeta HD189733b, un gigante gaseoso. Giménez es optimista de que se descubran más moléculas orgánicas ya que "esos elementos están por todos lados, planetas hay muchos y tenemos la certeza de que hay mundos tipo tierras y que tienen agua líquida". Todas esas son condiciones necesarias para que haya vida, pero con eso no alcanza. Señala que aún no se conoce cómo se formó la vida. "Hay ahí un salto que desconocemos: cómo se pasa de la química a la biología".



 




Pero estas condiciones dependen mucho de que un planeta similar a la Tierra en tamaño y masa, se encuentre dentro de la zona de habitabilidad donde la energía recibida por su estrella permita que haya agua líquida. Pero esta zona "no es una cosa cerrada, es aproximada", dice. Explica que hay otros factores para que un planeta tenga condiciones para la vida, además de encontrarse en zona "templada" de un sistema estelar. Una es la masa del planeta, para que pueda retener una atmósfera. "Si la masa es pequeña no mantienes la atmósfera, la pierdes y no hay control térmico". Otra condición es que el exoplaneta debe tener un campo magnético que proteja la vida. "Si no tienes un campo magnético que te proteja, como nos protege a nosotros en la Tierra, las partículas que vienen de la estrella te quitan la atmósfera". Marte es un ejemplo, ya que tiene un campo magnético débil y por eso tiene una atmósfera tenue.

 




LA MARCA DE LA CLOROFILA. Podría ocurrir también que se encontrara, en esas zonas habitables, planetas tipo terrestres con agua, pero sin indicadores atmosféricos que señalaran trazas de vida. Algo similar ocurre con Marte, que está en el borde externo de la zona de habitabilidad del sistema solar, pero su atmósfera en equilibrio químico parece indicar que allí no hay vida. "En la atmósfera de Marte no vemos nada, por eso es que no buscamos vida en la atmósfera ni en la superficie de Marte, sino en el subsuelo".

 



Giménez piensa que dentro de cinco años se empezará a descubrir planetas como la Tierra. En parte gracias a satélites como el francés Corot, el estadounidense Kepler o la misión Plato, de la ESA, prevista para 2017. El inconveniente es que estas misiones no van a hacer espectroscopía, es decir que no se averiguará cómo son sus atmósferas. "Vamos a detectar el planeta pero no la atmósfera". Afirma que para ello "hay que hacer desarrollos nuevos y eso llevará veinte años".
 

Igualmente, con los medios disponibles se intenta buscar "indicadores de modificación de la atmósfera por efecto de la vida". Esta información de las atmósferas de los exoplanetas se logra con el método de fotometría de tránsito, cuando estos son captados cruzando delante de sus estrellas. "En estos planetas lo que buscamos son indicadores, biomarcadores, como vapor de agua". Giménez explica que la luz de la estrella se refleja en el planeta, y el albedo resultante es lo que captan los instrumentos en la Tierra. Se podría por ejemplo llegar a ver "el efecto de la reflexión de la vegetación". Desde el espacio "en la Tierra eso se ve en longitudes de onda muy concretas". De esta manera los científicos podrían detectar clorofila, oxígeno, ozono, o anhídrido carbónico, como indicadores de que en esos planetas hay vida.

(Más información sobre estos temas puede leerse en los números 976, 1044 y 1102 de El País Cultural). 



 Temas relacionados en El Taller de Jar:


Río Tinto


Planetas extrasolares


Astrobiología




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lunes, 11 de junio de 2012

Defensa del patrimonio arqueológico subacuático




En setiembre de 2011 se organizó en Colonia de Sacramento, Uruguay, el Taller sobre Manejo y gestión de los recursos culturales subacuáticos, organizado por UNESCO, Ibermuseos, la Comisión de Patrimonio y el Ministerio de Educación y Cultura. Invitado por los organizadores, tuve la oportunidad de conocer y entrevistar a los arqueólogos españoles Xavier Nieto y Carmen García Rivera y al arqueólogo argentino Cristian Murray.






Viernes 13.01.2012

 El País Cultural

Con el arqueólogo Xavier Nieto



Patrimonio subacuático

Daniel Veloso

DIECISIETE toneladas de monedas de plata y oro componían el tesoro que la Odyssey Marine Exploration, una empresa estadounidense dedicada a la búsqueda y explotación de naufragios, anunció haber encontrado en mayo de 2007. En ese momento la empresa dijo que las quinientas mil monedas halladas formaban parte de la carga de un navío inglés naufragado en 1697 en el Atlántico Norte, pero no dio detalles del lugar exacto. Dos días antes de informar a la prensa, Odyssey había enviado en secreto las monedas por avión a Estados Unidos, a través de Gibraltar. España sospechó que la empresa había obtenido el tesoro de un naufragio español e inició una demanda en un tribunal estadounidense. Tal como se confirmó más tarde, el tesoro pertenecía a la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. El navío con un cargamento de monedas acuñadas en Perú, había partido de Montevideo y se dirigía a Cádiz cuando fue hundido en octubre de 1804 por una flotilla inglesa frente a la costa sur de Portugal.
 



Nuestra Señora de las Mercedes

 

España acusó a Odyssey de expoliar el patrimonio histórico español, además de llevarse ilegalmente las monedas. Tras una larga disputa, el 22 de diciembre de 2009 un juez federal de EE.UU. dictaminó que la empresa debía devolver el tesoro al Estado español, sentencia que fue ratificada el 21 de setiembre de 2011. *
El arqueólogo español Xavier Nieto, Director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, ARQUA, estuvo en setiembre de 2011 en Colonia del Sacramento, Uruguay, como profesor invitado al Taller sobre "Manejo y gestión de los recursos culturales subacuáticos", organizado por UNESCO, la Comisión de Patrimonio, Ibermuseos y el MEC. Consultado sobre la querella entre su país y Odyssey, el arqueólogo dijo que para España lo principal no es recuperar las monedas: "el objetivo es evitar que algo que pertenece a la nación caiga en manos de privados y que la historia del país se pierda". Argumenta que los métodos de trabajo de los cazatesoros "no permiten recuperar la historia" y que sólo sirven para sacar los objetos que tienen valor económico. "En ese sentido la arqueología es totalmente diferente". Agrega que la política de España es permitir sólo las actuaciones que tengan una finalidad científica, para que los materiales "vayan a museos públicos, al servicio de los ciudadanos".
 




Relata que su país ya tiene un precedente con el caso de las fragatas La Galga y la Juno, naufragadas en 1750 y 1802 frente a la costa Este de Estados Unidos, y explotadas por Sea Hunt, otra compañía cazatesoros. "España le presentó demanda por expolio de patrimonio nacional y en los tribunales de ese país ganó el juicio, pero lo que es significativo es que de todo lo recuperado no ha demandado más que un ancla".
Las piezas sacadas de los dos naufragios permanecen en EE.UU. y son exhibidas en un museo construido para ese fin por España. "El ancla de hierro, ahora en el ARQUA, no tiene ningún valor económico pero es un elemento emblemático para marcar la postura española de que no pretende quedarse con los barcos, sino rescatar la historia de España, es decir, la información". Afirma que esto desmiente "la campaña que están haciendo los cazatesoros de que España quiere el oro".

 

 Ancla de la Juno.

 

Xavier Nieto explica que los cazadores de tesoros utilizan métodos como el uso de mangueras para succionar sedimentos y dejar al descubierto los restos. "No usamos esos artefactos porque para un arqueólogo es más importante la posición en que se encuentra un objeto que el propio objeto". Primero, aclara, "hay que dejar todo en su lugar, hacer planos y documentar". Luego en el laboratorio el arqueólogo podrá reconstruir cómo era la vida a bordo, ya que ese universo que era el navío, al hundirse conservó como congelado en el tiempo un momento de la historia.
Para Nieto lo verdaderamente valioso de un naufragio es el conocimiento que se puede extraer de él y no el posible tesoro. "De monedas de oro todos los museos están llenos, ¿para qué queremos más?", dice sonriendo. Señala que este punto es "difícil que el público lo entienda, porque para la arqueología lo importante no es recuperar sino investigar".

 



Investigando un naufragio en aguas de Cerdeña. © UNESCO/E. Trainito



MAR ANTIGUO. Los orígenes de la arqueología subacuática pueden rastrearse en la Antigüedad, pero fue gracias a la escafandra autónoma desarrollada por Jacques Cousteau y Émile Gagnan en 1943, que por fin la humanidad pudo asomarse a las maravillas del mundo submarino. Gracias a ese invento el joven Xavier Nieto se convirtió en buzo. Fue sencillo entonces unir la vocación por la arqueología con su afición al buceo y así, "junté la arqueología con el mar". En 1976 realizó su primera excavación y al poco tiempo, en 1981 se le ofrece dirigir el Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña. A partir de diciembre de 2010 es nombrado Director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, el ARQUA, en Cartagena. Además da clases en la Universidad de Barcelona. Su especialidad es la arqueología de la época romana. "He excavado barcos griegos del siglo VI a.C. y también romanos". Dice que su preocupación es comprender cómo funcionaba el comercio en la Antigüedad. "La gran aportación de la arqueología subacuática es el estudio del comercio en todas las épocas".

 


ARQUA: reproducción del barco fenicio Mazarrón 2 (Laverdad.es - J. M. Rodríguez)



El ARQUA, uno de los pocos museos dedicados a la arqueología subacuática en el mundo, posee entre sus joyas más preciadas los Barcos de Mazarrón, dos navíos fenicios del siglo VII a.C. "Mazarrón es un pequeño pueblo al sur de Cartagena, donde desde tiempos históricos hubo minas, sobre todo de plomo". Estas embarcaciones transportaban mineral de plomo ya fundido, en forma de tortas.
Por otra parte el ARQUA cumple la doble misión de ser un museo abierto al público y también de ser el Centro Nacional de Arqueología Subacuática, organismo designado para la protección del patrimonio cultural subacuático. El arqueólogo cuenta que la costa de la Península Ibérica tiene restos de todas las culturas del Mediterráneo, como la fenicia, la griega o la romana. "Esto ha producido una acumulación enorme de barcos hundidos y de restos arqueológicos".

 
 © Archivo del Centre d'Arqueologia Subaquàtica de Catalunya.
Excavación de la nave griega arcaica de Cala Sant Vicenç, Pollença, Isla de Mallorca, España.



LOS DÍAS CONTADOS. La extensión del deporte del buceo y el accionar de los cazadores de tesoros han puesto en riesgo ese patrimonio sumergido que por tanto tiempo fue inaccesible. Es así que para frenar el saqueo y la destrucción de estos yacimientos arqueológicos, en 2001 se firmó la Convención de la UNESCO sobre el patrimonio cultural subacuático. Nieto cuenta que la han firmado cien países y cuarenta la han ratificado. Explica que la Convención, que cumplió diez años en noviembre de 2011, alerta sobre "la necesidad de conservar el patrimonio, de no venderlo, y de colaborar entre todos los países en su estudio y conservación". Además permite a los gobiernos que tienen presión de los buscadores de tesoros, escudarse en la autoridad de la UNESCO. "Creo que los cazadores de tesoros tienen los días contados y ellos lo saben; por eso están haciendo campañas de presión a los gobiernos, incluso llegando al chantaje y al soborno". Nieto dice que presionan a los países para que no firmen la Convención "porque se les acaba el negocio". Explica que el gran negocio de los buscadores de tesoros, son las acciones en bolsa. Al otro día de que Odyssey anunciara haber descubierto el tesoro "sus acciones subieron como la espuma; ¿Qué hicieron los responsables de la compañía? Vendieron las acciones", explica Nieto.

Copyright ® Daniel Veloso Mozzo 2014


* Tras un largo juicio, el 22 de diciembre de 2009 un juez federal de EE.UU. dictaminó que Odyssey debía devolver el tesoro al Estado español. Finalmente el 25 de febrero de 2012 las monedas llegaron vía aérea a España.



lunes, 23 de enero de 2012

Cuarenta años de la publicación de Cartero.

Trabajo de largo aliento. Eso se podría decir de esta nota sobre la primera novela de Bukowski, que la empecé en junio y salió publicada en diciembre de 2011. Mitad de año muy bukowskiano el que viví mientras escribía el artículo, donde fue genial descubrir al tipo real detrás del mito.

Hace mucho que quería leer esta novela y escribir sobre ella. En parte porque trabajé como cartero durante diez años. Por eso, cuando vi en una lista de las obras de Bukowski que la novela se había publicado en 1971, año de mi nacimiento, y que cumplía cuarenta años, al igual que yo, se me prendió la alarma. Aquí está finalmente, para ser compartida.

Agradezco a mis amigos que me acercaron material de lectura y que leyeron el borrador. También a los amigos que me expresaron que la nota les había gustado. Para todos ellos, gracias.





 

El País Cultural

Viernes 23.12.2011  Montevideo, Uruguay


Los inicios de Charles Bukowski
 

¡Cartero!


Daniel Veloso

HENRY CHINASKI tenía la ruta más dura de todo su distrito. Bloques de apartamentos llenos de buzones con los nombres medio borrados, corredores con bombitas de cuarenta watts y, lo más molesto, "viejas en las puertas, de un lado a otro de las calles, haciendo la misma pregunta como si fueran una sola persona con una sola voz: "¿Cartero, tiene alguna carta para mí?".
Chinaski respondía furioso que no. El sudor que le corría por la cara, la resaca por haber bebido toda la noche, más "la imposibilidad de repartirlo todo", hacía de aquello una tortura.
Su jefe, Jonstone -"La Roca", como le decían por detrás los carteros-, le había impuesto esa zona como castigo. Lo consideraba un vago y le hacía la vida imposible.
Chinaski había ingresado al Correo "por una equivocación". Le habían contado que para la zafra de Navidad "contrataban a cualquiera que se presentara". Las perspectivas eran buenas: un trabajo fácil y la posibilidad de conquistarse a alguna vecina. Pero las cosas no fueron así. Como cartero suplente su trabajo no aflojaba, además estaba su jefe, "un tipo con cabeza de buey" que usaba camisas rojas, "lo que significaba peligro y sangre".
Henry alquilaba un apartamento con su novia Betty. Bebían toda la noche y a las cuatro y media de la mañana él debía levantarse para ir al Correo. Las resacas y las cartas lo estaban arruinando. Eran siete suplentes en la oficina "y el único borracho era yo". Esperaban sentados que los carteros titulares llamaran diciendo que estaban enfermos para cubrir sus zonas. Casualmente se enfermaban "los días de lluvia, o durante una ola de calor, o después de un día de fiesta cuando el volumen del correo era doble". El distrito tenía más de cuarenta rutas y los suplentes no llegaban a aprendérselas todas, así que tras intercalar las cartas salían al reparto, "nos quedábamos sin almorzar y moríamos por las calles". Además, "una o dos veces por semana, ya bien rotos, apaleados y jodidos, teníamos los repartos nocturnos". Casi siempre el volumen de cartas superaba la capacidad de reparto de los hombres. "Eran los mismos carteros suplentes los que hacían posible a Jonstone, al obedecer sus órdenes imposibles". Chinaski no entendía cómo a un tipo tan sádico se le permitía dirigir la oficina. Entonces decidió escribir una carta de queja sobre la conducta de su jefe. Llevaba tres semanas de trabajo nada más. Como respuesta le dijeron que Jonstone era "un buen hombre".
Al otro día, a las cinco de la mañana Chinaski fue a la oficina, esperando la represalia. Jonstone no le asignó tarea: "Eso es todo", le dijo. "No hay nada hoy para ti". A Henry no le importó, sólo quería irse a dormir. "Ok, Roca", le contestó. Era el único cartero que se animaba a decirle así de frente. Un rato después estaba de regreso en su casa. "¡Oh, Hank, qué bien!", lo recibió Betty con alegría. Chinaski se metió en la cama, "me pegué a su cálido culo y me quedé dormido en 45 segundos".



  
 
CUESTA ARRIBA. La novela Cartero (Post Office, en inglés), a la que pertenecen estas peripecias, fue escrita por Charles Bukowski (1920-1994) a principios de 1970 y publicada al año siguiente. En ella, Bukowski se inspiró en un período crucial de su vida -los quince largos años en los que trabajó en el Correo- y utilizó a su alter ego Henry Chinaski para narrarla.
El origen de Charles Bukowski, el escritor, y de la leyenda creada por él mismo, se encuentra en los viajes que de joven hizo por Estados Unidos en la década de los cuarenta. De esa época de borracheras continuas, peleas en los bares y trabajos de todo tipo son sus cuentos más conocidos, agrupados en libros como La máquina de follar (Anagrama, 1978), en su segunda novela, Factotum (Anagrama, 1980), o en el guión de la película Barfly, de 1987.
Había decidido recorrer el país para encontrar historias sobre las que escribir. Fueron años duros. En el libro de memorias El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Anagrama, 2000), se describía como "un escritor muerto de hambre, medio loco e incapaz de encajar con la sociedad".





 
Entre un viaje y otro, Heinrich Karl Bukowski, tal su verdadero nombre, regresaba a la casa de sus padres, en Los Ángeles, California. En uno de aquellos regresos, Hank, como le decían sus amigos, encuentra trabajo y se instala definitivamente en su ciudad. Frecuentando los bares nocturnos conocerá a Jane Cooney Baker, su primera novia, quien luego será el personaje Betty en Cartero. Ella era diez años mayor. "Tenía un buen cuerpo y sentido del humor pero estaba un poco loca", contaría en una entrevista. Sin embargo Jane era muy importante. Fue la primera mujer con la que tuvo sexo en serio. Antes sólo había estado, y por una noche, con una muchacha de ciento veinte kilos que conoció en Filadelfia.
La relación entre los personajes de su novela, Henry "Hank" Chinaski y Betty Williams, al igual que la que mantuvo el escritor con su novia Jane, era inestable. Muchas veces, cuando Hank regresaba de repartir cartas, no la encontraba en la casa y se quedaba toda la tarde atormentado pensando adónde había ido. Las peleas se hicieron tan frecuentes y violentas que a menudo eran expulsados de donde vivían. "Aquellos días eran tan largos, siempre estábamos borrachos y nos echaban; era como estar en una guerra sin fin", contaría.
En ese contexto es que en abril de 1952 ingresa al Correo. Dirá más tarde que fueron "dos años y medio de infierno, de puro infierno". Levantarse temprano y dormir poco, más el alcohol que tomaba, que hacía su trabajo más difícil de lo que era. Bukowski mantuvo ese ritmo de vida hasta que su cuerpo no dio más y una noche tuvo una hemorragia interna. Fue internado de urgencia por una úlcera estomacal. Un médico le dijo que si bebía una copa más se moriría. Se equivocó. Su estado de salud fue el argumento que usó para dejar el Correo en marzo de 1955. "Este trabajo va en detrimento de mi salud", decía en la carta de renuncia.
Sin poder tomar, Hank se aburría. Entonces Jane le propuso ir a las carreras de caballos. Él no tenía idea de cómo eran. "Era tan ignorante. Ahora voy todos los días", se le escucha decir en un documental sobre su vida.
Al poco tiempo, su novia Jane encuentra empleo como mecanógrafa. "Cuando la mujer con la que vivís consigue trabajo, notás la diferencia", dice Henri Chinaski en Cartero. La relación cambió. Jane se quejaba de que dormía hasta tarde y después se iba a las carreras mientras ella trabajaba todo el día. "Todos los vecinos piensan que yo te mantengo", le dice Betty a Henry en la novela. Esa misma noche lo abandona.




 




EL AMOR ES UN PERRO. Luego de estar a punto de morir, Bukowski sintió "como si tuviera una vida gratis, una vida extra que vivir". Volvió a escribir todos los días. Poesía era todo lo que le salía. "La prosa se había ido a alguna parte". Enviaba los poemas por correo a varias revistas literarias, dispersas por todo el país. Tanta insistencia más tarde daría resultados y sus escritos empezarían a ser publicados. Bukowski llegaría a ser conocido como "el rey de las revistas pequeñas".
Pero durante aquel verano de 1955 las cosas no iban bien. Hasta que la editora de la revista literaria Harlequin, Barbara Frye, una texana de veintitrés años, le comenzó a publicar sus cuentos y poemas. Más adelante Barbara se convertirá en "Joyce" en la novela Cartero.
Bukowski le escribió que estaba solo y la invitó a que fuera a visitarlo a Los Ángeles. También le contó que su cara era como "un renglón torcido", por el severo acné que sufrió de joven. Ella le contestó que no le importaba, porque a su vez tenía una vértebra menos en el cuello. Daba la impresión de que estaba siempre encogida de hombros. Barbara aceptó la propuesta y se fue a vivir con él. Unas semanas después se casaban en Las Vegas.
Como era hija de ganaderos se sentía en la necesidad de demostrar a sus padres que la pareja "podía lograrlo". Es decir, triunfar y, además, trabajando. Bukowski estaba desconsolado. Su esposa era millonaria y él no podía disfrutar de todo ese dinero. "Durante todo ese tiempo, sin saberlo, me estaba labrando el camino de vuelta a la oficina de correos", dice Henry Chinaski en la novela.




 
A Bukowski le seducía la idea de volver a obtener "aquel trabajo cómodo con el Tío Sam". Así es que se anota para ingresar de nuevo al Correo y lo logra. Lo envían a trabajar como clasificador. Hacía doce horas por la noche. Su personaje se queja de que tenía que usar "los mismos músculos una y otra vez, era de lo más agotador. Me dolía todo".
Durante el acto de juramento, al asumir los cargos, eran un grupo de doscientas personas, pero "doce años más tarde sólo quedaríamos dos", dice Chinaski. "Igual que algunos hombres no pueden ser taxistas, proxenetas o traficar droga, la mayoría de los hombres no pueden ser empleados de correos".

Chinaski se le quejaba a Joyce de que ese trabajo lo estaba matando. Le propuso que ambos dejaran de trabajar y se dedicaran a vivir la gran vida. Con el dinero de ella, claro. Pero Joyce quería demostrar a sus padres lo contrario. Las cosas sólo empeorarían, y terminarían divorciándose. Hank tomó el coche y salió a buscar "un anuncio de `Se alquila`. Me parecía ya una cosa bastante corriente".







 

LA MUERTE DE BETTY.  Ese fue uno de los nombres que había pensado para su novela. No habría ayudado a que el libro se vendiera, pero es un indicio de lo que significó Betty, Jane Cooney Baker, para el escritor. Desde su separación no la había olvidado. Hasta que un día se encuentran por casualidad. "Betty había envejecido deprisa. Estaba más gorda", relata Chinaski en la novela. "Era triste. Pero yo también había envejecido". Trabajaba en un "hotel de perdedores" cambiando las sábanas y limpiando los baños.
Unos días después de Navidad pasa por el hotel a verla y la encuentra en su habitación borracha. Eran las ocho de la mañana. Los clientes le habían regalado un montón de botellas con bebidas de todo tipo. Chinaski le dice que si bebe todo eso se va a morir. Ella sólo lo mira. "Lo vi todo en esa mirada". Jane tenía dos hijos que no iban a verla ni le escribían. Además estaba enferma. Bukowski escribe que cuando la conoció por primera vez "era firme de carnes, casi hermosa, con unos ojos salvajes". Todos le habían dicho "que nunca conseguiría dominarla". Quiso llevarse las botellas pero ella no lo dejó. Una semana y media después regresó. La dueña del hotel le dijo que había tenido una hemorragia y que estaba en el hospital. Hank la cuidará un par de días.
En la novela, Bukowski describe el funeral. Fue de mañana, hacía calor y no había ido casi nadie. Estaba uno de los hijos de Betty -cuando llegó al hospital su madre ya había muerto-, y una pobre muchacha que envió en su lugar la dueña del hotel. La tumba no tenía lápida y las rosas de la corona que compró Chinaski estaban marchitas por el calor. Entonces, "la corona empezó a inclinarse y cayó boca abajo". Cuando salían caminando del cementerio el hijo de Betty se le acercó y le dijo que le escribiría pronto para arreglar el asunto de la lápida. "Todavía estoy esperando esa carta", rezongaría Chinaski.
 





UN GORRIÓN NEGRO. Al salir del funeral se fue a las carreras de caballos. "Había ido al hipódromo después de los otros dos funerales y había ganado". Esos funerales fueron los de sus padres, separados entre sí por apenas dos años. Tras la muerte de su padre, en 1958, Bukowski hizo una gran juerga en la casa paterna, de la que participaron varios vecinos. Fue como una venganza por el terrible maltrato que sufrió de niño, desde los seis hasta los doce años.
Mientras, Hank continuó con su trabajo nocturno en el Correo, que le permitía escribir un poco e ir de tarde a las carreras. En la década de los sesenta comienza a hacerse conocido. Sus poemas y cuentos eran publicados por revistas de poco tiraje que publicaban editores amateurs.
En 1964 conoce a Francis Smith, Fay en la novela, una poeta dos años mayor que él. Estaba divorciada, tenía tres hijos, no se teñía el cabello y vestía de negro para protestar contra la guerra. En el libro, Chinaski y Fay viven juntos. Hank se quejaba de que no ayudaba en la casa y de que la cocina estaba llena de platos sucios. Sin embargo, era buena compañía. Chinaski sufría de dolores de espalda y cuando llegaba del correo permanecía largo rato tirado en la cama sin poder moverse.
Un día Fay le cuenta que está embarazada. Hank le propone casamiento, pero ella no acepta. Llegó el día indicado y Hank condujo hasta el hospital. Estaba orgulloso de lo calmada que estaba Fay. Finalmente Chinaski fue padre. La llamaron Marina Louise. Una enfermera se la enseñó a través del vidrio. La niña lloraba. "Pobre y condenada cosita", pensó Chinaski. "No sabía entonces que algún día llegaría a ser una hermosa muchacha con la misma cara que yo, jajaja".
Después de un tiempo, Fay decidió mudarse con la niña. Hank no protestó. Consiguieron un apartamento cerca, así podía ir a visitarla dos o tres veces por semana.


 
 

Entretanto en el Correo la cuerda se apretaba sobre el cuello de Chinaski. Los supervisores lo hostigaban porque no cumplía con los 23 minutos exigidos para clasificar las cartas. También había recibido cartas de apercibimiento que le decían que estaban enterados de que había sido detenido por la policía por manejar borracho. Le recordaban que era "un servidor público" y que por lo tanto su conducta debía ser ejemplar. En otra carta lo suspendieron por irse del trabajo sin permiso.
Habían pasado once años y "no tenía un dólar más en el bolsillo que cuando entré por primera vez". Bukowski pesaba 110 kilos, tenía mareos y dolor de espalda. El trabajo como clasificador lo estaba matando y sus esperanzas de que algún día pudiera llegar a vivir de lo que escribía se hacían cada vez más débiles.
Hasta que en la primavera de 1966 lo visitó un joven llamado John Martin. Entre sus peculiaridades estaba ser miembro de la Iglesia de la Ciencia Cristiana, ser abstemio y poseer una colección de libros, todas primeras ediciones, de autores como Herman Melville, Henry James o Walt Whitman. Cuando comenzó a coleccionar libros de autores posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se topó con un tal Charles Bukowski y quedó fascinado.
Durante su visita le ofreció ser su editor. Había impreso cinco poemas de Hank en una pequeña imprenta y le pagó por adelantado al escritor. Con ese gesto lo convenció. Martin vendió su colección a la Universidad de California y con el dinero recibido fundó la editorial Black Sparrow Press, ("gorrión negro", en español).





 

AIRE AL FIN. A fines de los años sesenta el ambiente político de Estados Unidos estaba espeso. En 1967 en Los Ángeles surgió un diario radical, Open City, que desde sus páginas protestaba contra la guerra de Vietnam y la represión policial. El diario invita a Bukowski a escribir una columna semanal. Éste acepta y la titula Escritos de un viejo indecente. En seis meses esta columna lo hará muy popular por todo el ambiente underground de la ciudad.
También lo hizo conocido entre trabajadores y empleados, que se reían leyendo sus historias, generalmente con escenas bizarras y de sexo. No faltó mucho para que algún compañero de trabajo le hiciera notar a sus supervisores que uno de sus empleados era el "viejo indecente" del diario.
Bukowski fue llamado a una reunión en el Correo. Le preguntaron si los textos que escribía eran verídicos. Hank dijo que en parte, "que estaban muy idealizados para que resultaran más atractivos".
El Correo redactó un informe que decía que "la categoría moral" de su funcionario "dejaba mucho que desear". No contentos con esto, enviaron el informe al FBI y esta oficina federal investigó a Bukowski. Hicieron preguntas a sus empleadores, vecinos y dueños de pensiones que lo habían conocido, sobre si era "un americano leal".
Bukowski en la realidad, y Chinaski en la ficción, se encontraban acorralados y dispuestos a abandonar el Correo y jugársela por el camino de la escritura. Por otro lado, a John Martin se le estaba acabando el dinero de la venta de sus libros. Debía reaccionar rápido. Así que fue a ver al escritor y le propuso un trato: le pagaría cien dólares por mes por el resto de su vida y así podría dejar el correo y dedicarse full time a escribir. Martin no sabía que Hank estaba por dejar su trabajo.
Hicieron cuentas. De los cien dólares, ochenta se le iban en el alquiler. Sacando la comida y los cigarrillos, quedaban diez para su hija. Hank diría que estaba bien esa suma, aunque "no para mantener a la niña". Igual aceptó. Eso le dio ánimo para renunciar. Tenía cuarenta y nueve años y por fin podía dedicarse a escribir. Un funcionario le preguntó a Chinaski por qué dejaba el trabajo. "Para hacer carrera", contestó. "Me faltaban menos de ocho meses para mi cincuenta aniversario".
Como los pájaros de Joyce, que Chinaski libera de su jaula, así se sentía Bukowski cuando por fin fue libre. No sabía para dónde ir. Se deprimió, vivía borracho todo el día e hizo un montón de cosas humillantes. "Sabía que pronto, como el hombre que sale rápidamente del mar, sufriría un caso particular de aeroembolismo".




 
Martin le pidió que escribiera una novela, que los poemas estaban bien, pero no se vendían como una novela. Hank nunca había escrito una pero aceptó.
"Empezó a trabajar el dos de enero de 1970", contaría John Martin. El veinticinco de enero lo llamó por teléfono: "ven a buscarla", le dijo. Había escrito Cartero en menos de un mes. Martin diría que lo hizo tan rápido por miedo a quedar en la calle.
El libro lo convertiría en un ícono de la cultura popular estadounidense. El empeño de escribir todos los días durante años le había dado reconocimiento, y sólo así conseguiría mantenerse en ese sitio. Ahora por fin vendrían las entrevistas, el auto nuevo, la casa bonita, los productores de Hollywood, y las mujeres. Pero ésa es otra historia.




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martes, 20 de septiembre de 2011

Invitación a un viaje en el tiempo


Viejo anhelo de la Humanidad viajar atrás en el tiempo para visitar lugares históricos, como la Biblioteca de Alejandría o quizá para enmendar errores del pasado. Tal vez asistir a un día de tu infancia; sentarse a un lado y contemplarse a sí mismo jugando.
Como verán en este artículo, según la información que pude recopilar, desarrollar una máquina para viajar en el tiempo sigue siendo una tarea casi imposible. Sin embargo esto no ha impedido que físicos teóricos como Ronald Mallet o Paul Davies hayan pensado en estos problemas.







País Cultural
Viernes 07.03.2008 | Montevideo, Uruguay


Los hijos de Wells

Tres viajeros en el tiempo




DANIEL VELOSO

EN 1893 H. G. WELLS tenía 27 años, intentaba ganarse la vida escribiendo artículos y acababa de publicar un relato en el periódico National Observer de su amigo William Henley. En ese texto describía una máquina que podría desplazarse a través de la cuarta dimensión: el tiempo. Dos años más tarde desarrollaría esa idea llevando a un personaje a través de las eras hasta el final de la Tierra, en la novela corta La Máquina del Tiempo. El libro, una de las primeras obras de ciencia ficción, se convirtió en un éxito. La obra le trajo reconocimiento y le permitió vivir como escritor. 





AGUJEROS DE GUSANO. La humanidad entera está viajando hacia el futuro y siempre lo ha hecho. El tiempo se mueve en esa dirección. Tal vez el ritmo sea más lento de lo deseado. Para acelerar las cosas y moverse adelante en el tiempo hay que alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. Según el físico alemán Albert Einstein, si una nave en movimiento llegara a acercarse a la velocidad de la luz, el tiempo en ésta comenzaría a correr cada vez más lento. Este curioso fenómeno conocido como dilatación gravitatoria del tiempo fue descrito por Einstein en 1907 como una consecuencia de la Teoría de la Relatividad Especial. A esa velocidad, necesariamente inferior a 300.000 km por segundo, ya que nada que esté compuesto de materia puede sobrepasar ese límite que impone la naturaleza, un cosmonauta en una nave podría alcanzar el centro de la Vía Láctea en 21 años. Esto podría ocurrir porque el tiempo en la nave transcurriría muy lentamente. Pero para los habitantes de la Tierra, que esperarían con ansias noticias de su periplo, la nave tardaría 30.000 años en llegar al centro de la galaxia. A su regreso el cosmonauta no encontraría a nadie conocido a quien contarle su aventura. Sin proponérselo, habría viajado hacia el futuro.





Para viajar al pasado el problema es aún más complejo. El físico británico Paul Davies, de 61 años, desde que leyó la novela de Wells en su adolescencia, sueña con viajar al pasado. Siendo estudiante asistió a una conferencia del astrónomo Fred Hoyle, en la que describía una teoría en la que las ondas de luz podían ir hacia atrás en el tiempo, influyendo en el rumbo en que llevaría su vida como científico. En 2003, en su libro ¿Cómo construir una máquina del tiempo?, lanzó la idea de utilizar un agujero de gusano para ir al pasado. En teoría, un agujero de gusano es un pasaje abierto en la trama del espacio-tiempo que podría conectarse con una región lejana del universo. Si una nave pudiera atravesarlo, saldría a años luz de distancia de la entrada. Según Davies, la diferencia con un agujero negro, formado por el colapso gravitacional de una estrella masiva, es que éste no conduce a ninguna parte. Se puede entrar pero no salir. 





En cambio si un viajero se internara en un agujero de gusano, al salir por el otro extremo podría encontrarse en el pasado. El primer paso para construir esta máquina del tiempo es encontrar un agujero de gusano, tarea nada sencilla, ya que aún no se ha detectado ninguno. Luego habrá que expandirlo para que permita pasar una nave; para ello se le tendrá que inyectar energía negativa. Davies asegura que ésta existe y que hasta se puede crear en un laboratorio. Al inyectarle esta energía crearía un estado anti-gravitatorio que ejercería un efecto repulsivo que mantendría las paredes del agujero de gusano estables impidiendo que se colapse bajo su propio peso. Paul Davies cree que la tecnología para desarrollar esta máquina del tiempo podría estar lista dentro de cien años, aunque tal vez se pueda encontrar una solución menos espectacular que un agujero de gusano, en la propia Tierra.

 





TÚNEL DE LÁSERES. Cuando tenía sólo 10 años, el físico estadounidense Ronald Mallett perdió a su padre, de 33 años. Un año más tarde descubrió La máquina del tiempo de H.G. Wells. "Eso me rescató de caer en la depresión aguda", contó a la prensa. El libro le dio la idea de construir una máquina para viajar al pasado "para volver a ver a mi padre, prevenirlo y quizá salvar su vida", explicó. Esta inspiración llevó a Mallett, nacido en 1945, a tener una brillante carrera como físico. Actualmente se encuentra desarrollando una verdadera máquina del tiempo. En 2003 publicó sus ideas, que fueron tomadas muy en serio por sus colegas. El plan de Ronald Mallett es torcer el espacio tiempo con un tubo formado por haces de rayos láser. En la naturaleza, los objetos masivos como las estrellas curvan el tiempo y el espacio, tal como fue pronosticado por Einstein y comprobado en 1919 cuando durante un eclipse, y aprovechando la oscuridad momentánea, se fotografió una estrella cuya luz había sido desviada por la curvatura del espacio que genera a su alrededor el sol. La idea en que se basa Mallett es que no sólo la gravedad deforma el espacio, sino también la luz. Usando anillos de luz de láser de gran potencia pretende crear una región de espacio rotativa, como si se estuviera revolviendo el café en una taza. En la Teoría de la Relatividad de Einstein, al retorcer el espacio se retuerce también el tiempo, ya que están unidos. Si se entiende al tiempo como una línea que va del pasado al futuro, si Mallett consiguiera cerrar esa línea y convertirla en un bucle, se podría pasar del futuro al pasado. 






Al comienzo, si logra construir la máquina, empezará por enviar partículas subatómicas al pasado. Pero podría ocurrir que al encender por primera vez la máquina, el profesor encuentre dentro del haz de láseres una partícula surgida de la nada, que él mismo se enviará quizá una semana adelante, en el futuro. Esta máquina empero no podrá llevarlo hasta su padre, ya que sólo se podrá viajar desde el futuro hasta el día en que sea encendida.

 




CURVAR EL ESPACIO. El científico israelí Amos Ori, del Instituto de Tecnología de Haifa, captó en 2007 la atención de los medios con otra variante de cómo construir la máquina. Para ello no necesitará de una materia exótica con densidad de energía negativa que incluyen otras teorías, sino que basta con el vacío común del universo. Ori afirma que el espacio puede curvarse hasta crearse un campo de gravedad interno capaz de arrastrar al espacio y el tiempo próximos. Según Einstein la intensificación de la gravedad curva el espacio-tiempo. Un ejemplo muy utilizado para visualizar este fenómeno es depositar una esfera de metal sobre una goma extendida. La esfera se hunde en la goma que se deforma por el peso de aquella. Una estrella muy masiva, una estrella de neutrones por ejemplo, deforma el espacio a su alrededor haciendo que cualquier objeto que pase cerca, "caiga" hacia ella. 






Este bucle espacio-temporal podrá ser construido con materia común y densidad de energía positiva, aunque aún se debe resolver cómo hará para mantenerse estable. Una vez que se consiga curvar el espacio y obligarlo a formar un bucle, la máquina del tiempo resultante funcionará sola. Ori lo explica comparándolo con una bala de cañón, que luego de ser disparada sigue su trayectoria al blanco por su propia cuenta. Al igual que otros teóricos, Amos Ori explica que una vez abierta la máquina, podría permitir a viajeros del futuro ir hacia atrás en el tiempo, pero sólo hasta la fecha de inicio de ésta.




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